domingo, 20 de marzo de 2016

Volver a Dios




Por Fernando Gorza

CARTAGENA DE INDIAS.- Hace dos días llegué a esta hermosa ciudad de balcones de madera desbordantes de flores de colores, calles adoquinadas para caminar sin prisa y plazas arboladas con palmeras bien altas que resguardan el fresco del Mar Caribe.

Tras sus murallas, la ciudad se transforma en miles de experiencias para vivir y recordar. Las caminatas diarias regalan anécdotas de piratas y conquista desde su fundación en 1533, agradables charlas con los vendedores ambulantes que ofrecen miles de recuerdos de esta tierra colombiana, visitas a casas de familia y conventos que hoy son edificios públicos que resguardan parte del pasado cartagenero; la posibilidad de subir a una Chiva, un simpático colectivo abierto de madera, y como parte de la recorrida, la invitación a entrar a varias de las Iglesias que van apareciendo a cada paso.
A la vuelta de una de las esquinas de la ciudad amurallada me encontré con la inmensa puerta color ocre de la Parroquia San Pedro Claver enmarcada en una pared blanca y rugosa, en honor a quien fuera uno de los Misioneros y Sacerdotes Jesuitas nacido en 1580 que se ocupó de aliviar las penas de los esclavos negros. Tanto se dedicó a ellos que se hizo llamar el “esclavo de los negros”.

Lo que más me llamó la atención fue una de las láminas de la cartelera y la capacidad de síntesis y claridad para destacar la importancia de la Cuaresma. Recordé las palabras del Papa Francisco de su mensaje Fortalezcan sus corazones (St 5,8): “La Cuaresma es un tiempo de renovación para la iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un tiempo de gracia (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: “Nosotros amemos a Dios porque el nos amó primero” (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada unos de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede”.


En ese cartel escrito a mano alzada a la salida de la Parroquia entendí la importancia de tantos momentos que como Cristianos elegimos vivir y decidimos transitar para que en nuestro recorrido y luego de dedicarnos a la oración, a la reflexión y siendo protagonistas de nuestra verdadera conversión podamos llegar a ese “Volver a Dios”.


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