martes, 13 de enero de 2015

Atardecer en el Pacífico


 
REÑACA.- El Pacífico es inmenso. No entra en una solo mirada y para recorrerlo hay que hacer un esfuerzo mayor pasando la vista de un lado al otro.


El Pacífico es magnético. De sus entrañas provienen ruidos, pájaros, peces, algas, gaviotas, lobos marinos, piedras y olas que rompen en su orilla.


Es atrapante ver tanta inmensidad junta en un sólo mar, tanta agua que recorre continentes tan lejanos.


En el Pacífico chileno, el sol se esconde sobre las nueve de la noche en su última línea de agua. Ver ese atardecer es un regalo, una nueva puesta de solo de este lado de América del Sur.

 
El sol sigue cayendo y dos gaviotas se persiguen, juegan, se corren sobrevolando las olas.

Los lobos gritan incansables, parecen festejar tanta naturaleza viva.

Una vez mas el mar nos regala su inmensidad.


Fernando Gorza 13 de enero de 2015