miércoles, 31 de agosto de 2011

De compras por El Cairo

EL CAIRO- La imagen apareció desde la altura de una autopista de El Cairo. La primera postal se escapó antes de poder prender la cámara. Para la segunda, a pocos metros de la anterior, ya estaba todo preparado y dispuesto para captar una instantánea de uno de los tantos mercados callejeros de la ciudad.

La tierra de los Faraones es un caos continuo e incesante. No alcanzan los adjetivos para describir esa maraña de autos último modelo manejados por hombres de Rolex de oro que conviven con otros que arrancan de puro azar, combis sobrepasadas de egipcios dirigiéndose a sus trabajos, motos de la década del 50 que trasladan una familia entera, camionetas exclusivas para mujeres y burros cargados con bolsas de quién sabe qué semillas. Todos transitan el mismo camino en un día cualquiera en el continente africano.
Como si no bastara con vivir el trajín diario de trasladarse de un punto a otro de la ciudad de los Faraones, ahí se apareció ese estallido visual transformado en uno de esos “shoppings” dispuestos donde sea abarrotados de gente con los autos pasando por el medio y los puestos a los costados improvisados en percheros o tablones ofreciendo de todo: ropa, verduras, cabezas de chanchos, zapatillas, pantalones, pipas y pirámides de recuerdo de todos los tamaños posibles.
En esos mercados y bazares todo se regatea, desde un kilo de papas, dos botellas de agua, un paseo en camello hasta una máscara de Tutankamon con incrustaciones de lapislázuli y piedras preciosas. El precio lo pone uno y ahí comienza la disputa. Salir de “compras” por El Cairo es una de las aventuras que justifica el viaje, los bocinazos y parte de esa anarquía domestica de la ciudad.
Fernando Gorza 31 de agosto de 2011
Fotos: Victoria Pietroboni

miércoles, 17 de agosto de 2011

La felicidad es una canción


ROMA - No recuerdo bien que tocaban pero era algo muy alegre. Una especie de clásico al ritmo de la salsa mezclado con un poco de “pop”. Cuatro latinos sobre un banco de Piazza Navona un día soleado en la primavera europea haciendo sonar a toda orquesta saxo, guitarra, acordeón y contrabajo en una de las plazas más hermosas y coloridas de Roma.
El sonido interrumpió la recorrida obligada entre los pintores callejeros, los imitadores de ocasión, algunos vendedores ambulantes y los artistas que ocupan cada metro y cada paso de ese centro de visita constante para los turistas.
Sobre uno de los costados el sol les pegaba sus últimos rayos y los hombres, conocedores de los tiempos de la Piazza, sumaban y sumaban “fans transitorios” al compás de la canción. Los tonos eran familiares, se pegaban al oído y de ahí a todo el cuerpo.
La canción siguió sonando en mi cabeza una vez que enfundaron los instrumentos y se dedicaron a recibir felicitaciones y saludos al paso con la majestuosa Fuente de los Cuatro Ríos como testigo de la ocasión.
Hoy veo la foto y recuerdo el ritmo de la música, el movimiento de la plaza, la alegría del viaje, la gente caminando, la bella Roma y sus calles y esos cuatro artistas viviendo la vida con la frente en alto, el sol pegado al cuerpo y el compás del son.
Fernando Gorza 17 de agosto de 2011
Foto: Victoria Pietroboni