jueves, 20 de agosto de 2009

Almuerzo con historia

A 110 km de la Capital y a 10 de San Andrés de Giles, en el pueblo rural Azcuénaga, el Restaurante y Casa de Té La Porteña invita a zambullirse en un pasado de historias y anécdotas de esta casa de familia que supo ser una importante sastrería de la zona y hoy sirve fiambres, pastas y postres caseros a quien se aventure a visitar un pueblo de 350 habitantes y calles de tierra donde con sólo dar unos pasos la mirada se pierde en el horizonte.



En el salón de seis mesas, la historia de la familia de Miguel Ángel Capecci vive en las fotos de antaño, en la vitrina repleta de tazas de porcelana, candados de campo, botellones, sifones de soda y radios a válvula. Las pesadas planchas a carbón y las tijeras de sastre apoyadas sobre las largas mesas que se utilizaban para cortar las telas, decoran el ambiente y le dan sentido al pasado del lugar.

Analía Capecci, hija de Miguel Ángel, cuenta que “mi abuelo Eduardo abrió una sastrería en Azcuénaga y en 1923 compró esta casa donde se instaló a vivir y a trabajar. Mi papá siguió con la sastrería hasta que decidió cerrarla y cambiar de rubro. En 2006 comenzamos como casa de tortas y un año más tarde nos animamos con los fiambres y las pastas”.

Las palabras de Analía se vuelven reales cuando acerca a la mesa la entrada: salame casero, bondiola y matambre de pollo completan el primer plato. “El pan está horneado a leña en lo de Rossi”, apunta Miguel Ángel haciendo referencia a su vecino y pandero estrella del pueblo mientras atiende en el salón.


A las primeras delicias le siguen las creaciones de Cristina, esposa de Miguel Ángel, quien amasa tallarines, prepara ravioles y canelones caseros, y elabora los postres: flan, tiramisú, lemon pie, brownies y tortas de chocolate.

Las calles de tierra y el silencio de Azcuénaga invitan a recorrer parte de su pasado. Frente a La Porteña se levanta la vieja estación que en abril de 1880 recibió el primer tren que llegó al partido. Hoy sólo conserva el histórico edificio y un mural de adobe que evoca la llegada de aquellos inmigrantes irlandeses, españoles, italianos y franceses que arribaron a estas tierras repletos de esperanzas e ilusiones.

La capilla Nuestra Señora del Rosario, de ladrillo a la vista y ubicada en medio de la plaza ya cumplió 100 años desde que fue donada por Elena Ham, una irlandesa que dejó este legado en forma de agradecimiento. Como cada 5 de octubre, Azcuénaga rememora la primera misa celebrada ese día de 1907, con una fiesta multitudinaria de desfile de carruajes, paisanos, canto, música y danza.

Los Capecci se preparan para recibir a los que se acercan a tomar el té y a probar las tortas de Cristina. Desde cualquiera de las mesas es posible ver como cae la tarde y los árboles del monte despintan los azules en el cielo. Es cierto, Azcuénaga comienza a descansar en su silencio.



Fernando Gorza 20 de agosto de 2009
Fotos: Victoria Pietroboni

viernes, 7 de agosto de 2009

Teatro Concreto o la autonomía de la literatura


Instalado en Villa Gesell desde 1999 el Grupo Teatro Acción trabaja hace 28 años como un laboratorio de investigación teatral donde el actor sin un texto fijado inventa propuestas escénicas para que el director escriba la obra. Una dramaturgia de la creación compartida


Cinco años después de haber leído “El teatro y su doble” del dramaturgo, ensayista y poeta Antonin Artaud, Eduardo Gilio puso en marcha la idea que lo fascinó desde muy joven: fundar un grupo de teatro donde las obras representadas no surjan a partir de un texto elegido de antemano sino de la creación total del actor orientando el trabajo hacia una dimensión colectiva de búsqueda y transformación en el modo de pensar y concebir el hecho artístico.
Corría 1980 y con sólo 19 años, estudiando en la Facultad de Bellas Artes de la universidad Nacional de La Plata y empapado de de las teorías elaboradas por Konstantin Stanislavsky, Jerzy Grotowski y Peter Brook; el director de Teatro Acción comenzó, en palabras de él, a “reclutar gente que quiera y se anime a crear un nuevo teatro. Éramos doce personas que nos juntábamos todos los días a leer, explorar e investigar nuevas formas de generar un texto, crear una metodología que nos permita diferenciarnos del drama convencional.”

Cinco años fue tiempo suficiente para presentar en septiembre de 1985 “La Jaula”. La obra funcionó como puntapié inicial de la creación artística desde el concepto de teatro concreto, una metodología de trabajo independiente de un texto previamente escrito y centrada en el entrenamiento físico y mental del actor para descubrir y desarrollar las potencialidades del cuerpo y de la voz.

Para hacer más vivo el sentido del trabajo en grupo, el director decidió trasladarse a Villa Gesell en 1999 donde los siete integrantes que forman el grupo pueden convivir y desarrollarse en un ambiente de menor dispersión y mayor concentración en el proceso creativo. En la tranquilidad de la sala de la Casateatro ubicada entre los pinos de la Villa, Gilio asegura que “trabajamos con la energía de cada actor, en lo que hace y en cómo lo elabora. Mi primer trabajo es estimular a la creación, darles puntos de partida para que inventen secuencias que más tarde van a tomar forma en el montaje, momento en que las acciones dialogan, se entrelazan y nace la obra.”

Verónica Vélez, actriz que se sumó al grupo hace veinte años, grafica el proceso de teatro concreto del que habla el director. “Empezamos creando acciones para romper la propia inercia a partir de cosas que nos estimulen o nos llamen la atención. Una canción, una foto o cualquier objeto puede ser el disparador para inventar un ejercicio”. A partir de esa instancia los integrantes del grupo aprenden principios técnicos de vocalización y posturas del cuerpo y comienzan a crear secuencias de acciones que luego presentarán al director. Vélez cuenta que “para una de las primeras secuencias que inventé utilicé la guía telefónica. Tomé nombres al azar y comencé a imaginar cómo serían esas personas, sus tonos de voz, color del pelo y aptitudes
físicas.”

La Actriz verónica Vélez en su interpretación de Genoveva


A la creación de las secuencias se le suma en una segunda instancia la intervención del director. Gilio explica que trabaja con una lógica cinematográfica de montaje aprendida del cine de Eisenstein, Bergman y Fellini en la cual “voy tomando cosas de las diferentes secuencias, corto una acción y la pego con otra o bien cambio el sentido en base a lo que esa secuencia me despierta”. Asociaciones libres y motivaciones personales se hacen dueñas de esa etapa creativa. “Elijo aquello que funciona, lo que está vivo y habla del actor”, justifica Gilio. A partir de este montaje nace el texto final que conjuga palabras, música y silencios.

“Muros de espuma” es la demostración de la metodología llevada a cabo por el grupo. Luego de varias muestras en Italia, la obra nació en 1993 como la necesidad de poner en escena los resultados de la investigación, el entrenamiento y del proceso creativo instrumentado por el actor. Vélez, actriz de este trabajo y de “Elegía a Lola Mora” realiza un viaje por su biografía personal y profesional. Dividida en dos bloques de cincuenta minutos la puesta deja en claro mediante ejemplos y secuencias montadas las bases de este tipo de teatro. “Muros de espuma es la muestra del trabajo que no se ve en ningún espectáculo”, remata la artista.


Mas info: http://www.teatroaccion.com.ar/



Fernando Gorza 7 de agosto de 2009

Nada se tira todo se transforma

Ramiro Cairo, de 38 años, dedica parte de su tiempo a la música y está casado con Diana Egurza (35), editora en un canal de televisión. Anna Ayerza (32) es maquilladora y convive con Lucas Averbuj (31), iluminador y realizador de animaciones en 3D. Más allá del amor y la amistad, estas parejas tienen otras cosas en común; por lo pronto, como diría la psicóloga inglesa Margareth Boden en su libro La mente creativa, "la facultad de combinar información para obtener algo nuevo y útil". En una palabra, creatividad. Después de ocho años de conocerse, en enero último los cuatro crearon Doméstico Diseño, empresa que se dedica a recuperar artefactos de uso doméstico que quedaron olvidados en algún rincón. Cairo recuerda que, hasta entonces, "cada uno hacía cosas por su cuenta. Pero observábamos que en nuestras casas habitaban objetos que habían cumplido su ciclo útil y seguramente podrían revivir de otra manera. Tanto nos interesó el asunto que transformamos una vieja licuadora en lámpara y una tele en espejo. Ahí decidimos lanzarnos con Doméstico".



Del licuado a la luz



El primer objeto que crearon fue la Licualamp, una novedosa lámpara de mesa que utiliza las piezas originales, marca y color de la licuadora. El vaso es reemplazado por una pantalla de polipropileno, que ilumina con calidez y se adapta a todo tipo de ambientes. Acerca de la filosofía de trabajo, Averbuj apunta que "siempre tratamos de diseñar sobre la base del concepto que nos interesa transmitir. Buscamos todos esos objetos que alguna vez convivieron con nosotros, que forman parte de nuestras vidas, de nuestros recuerdos, y los recuperamos dándoles otra función, pero sin que pierdan su diseño original". Así, sus creaciones, o recreaciones, recuperan el pasado y unen generaciones. Egurza precisa que "las licuadoras representan las décadas del 40 y el 50, mientras que las televisiones remiten a las del 50 al 80. Esta coincidencia nos sorprendió y nos decidió a trabajar el concepto y a llevarlo al plano comercial". Las teles se componen de los frentes de los aparatos y conservan todos sus accesorios: perillas, logos y, en lo posible, su tono original. El tubo es reemplazado por un espejo, lo que da nacimiento a la Televisión-espejo. Otro modelo dentro del esquema pantalla chica es la Televisión-botiquín. En cuanto al origen de su materia prima, Ayerza comenta: "Recorremos las calles, las bauleras de los familiares y los volquetes. A esto lo llamamos arqueología urbana". Ella, como los demás, asegura haber desarrollado una sensibilidad especial ante lo que deja de funcionar y algunos tiran a la basura. Sus productos se comercializan en casas de decoración.




Más datos pueden obtenerse en http://www.domesticodsd.com.ar/



Fernando Gorza 7 de agosto de 2009

domingo, 2 de agosto de 2009

Teatro Ciego: La Visualización de los sentidos

Cuatro temporadas después de su primera presentación el Grupo Ojcuro de Teatro Ciego sigue cosechando éxito y aplausos. Basada en la ausencia total de la luz y en un elenco formado por cinco actores no videntes y tres videntes, “La Isla Desierta” de Roberto Arlt combina sensaciones auditivas, olfativas y táctiles. Pasen y sientan un mundo sin luz.


“Lo esencial es invisible a los ojos y en minutos descubrirán porqué”, asegura Gabriel, uno de los cinco actores no videntes del grupo, minutos antes de entrar a escena en el Centro Cultural Konex. Su afirmación invita a despertar los sentidos de una forma diferente, única y movilizadora donde la oscuridad total es la aliada perfecta para que la imaginación tome vuelo y explore lugares lejanos o desconocidos que en segundos pasarán a ser íntimos e individuales.

La promesa de Gabriel demora escasos minutos en cumplirse. Lo que queda es entregarse por completo, dejarse tomar de la mano por alguno de los actores y empezar a transitar la oscuridad. Pasos lentos y seguros sobre un terreno desconocido. La obra comienza y las imágenes mentales empiezan a cobrar vida. Se unen unas a otras, toman distancia y se vuelven a unir. Una calle de Shangai poblada de bicicletas, vendedores ambulantes y un penetrante aroma a cebolla y apio es la senda elegida para que esas imágenes se trasladen a una oficina céntrica atestada de órdenes, carpetas y papeles, y en un instante dejarse bañar por las aguas del Mar Caribe que llenan la atmósfera de olor a verano. Todos los ambientes conviven y se mezclan en un mismo espacio.

DESAFIO
José Menchaca, Director de “La isla Desierta”, explica que cuando decidió lanzarse a dirigir teatro, luego de realizar varios cortometrajes y transitar el campo de la fotografía y la pintura, eligió meterse en un mundo diferente. Las ansias de seguir recorriendo su “búsqueda artística” y la idea –en palabras de él- de “darle una vuelta más de tuerca al teatro convencional” pobló su espíritu y fue en busca de personas no videntes con ganas de actuar y conmover al espectador mediante una técnica teatral diferente y poco experimentada: el teatro ciego.

Arribar a las orillas de un método teatral virgen y listo para descubrir no fue tarea fácil. El primer paso fue encontrar personas no videntes que se animaran a actuar. Tras meses de búsqueda, la Biblioteca Argentina para Ciegos le abrió las puertas. Una convocatoria y una presentación informal bastaron para que más de veinte personas escuchen la idea. Después vino la selección de los futuros actores, los ensayos y un año después, en octubre de 2001, salir a escena.

“Lo que más me costó –confiesa Menchaca- fue enseñarle a los actores no videntes cómo hacer las cosas. El cuerpo dice mucho pero el ciego no ve, por lo tanto no sirve de nada que me mueva o gesticule para que me imiten.” La exploración del “nuevo mundo” fue reveladora y total desde el principio. “Empecé por desarrollar un discurso más fino y concreto para llegar a ellos con mayor claridad. A utilizar palabras con las que puedan interpretar a la perfección mis ideas como Director”. La voz y la palabra pasan a ser para esta técnica una herramienta fundamental. Trasladarse mentalmente de un ambiente a otro sería difícil si el actor no cambiara el ritmo en las oraciones, agudizara el tono o graduara la respiración.

Una vez clarificadas las ideas y consensuadas por el elenco llegó la hora de crear un método para que cada actor conozca a la perfección el espacio en el que se debía mover en la oscuridad total. “Empezamos por crear mapas mentales del escenario sabiendo que una vez en escena nadie podía chocarse con una silla o tropezarse con un espectador”, recuerda Menchaca. La participación de tres actores videntes significó desde el principio la colaboración y la guía permanente con el resto del grupo.

A la utilización de la voz y la palabra unida a sus múltiples connotaciones dispuestas en “mapas mentales” que hagan de brújulas a lo largo del camino, se sumó a la lista de desafíos la certeza de crear una propuesta escenográfica diferente a la convencional. Conocedor de la rapidez mental que brindan al espectador los recursos escenográficos del cine, Menchaca enfrentó la responsabilidad de crear una escenografía sonora. “El teatro tradicional es muy estático, a lo sumo cambia una o dos veces de decorado. El teatro ciego es mucho más dinámico y esa cualidad lo hace aún más intimista. Trabajamos con la ausencia total de la luz, entonces con un sonido en vivo y en un par de segundos buscamos conmover y trasladar al espectador. Darle sensaciones fuertes y cambiantes sin perder el hilo que la propia historia cuenta”, afirma el Director.

El público no sólo asiste a la obra, participa de ella completando el sentido de lo que esas sensaciones le proveen. Acompañar a los actores, ser cómplice de sus dichos, elegir a unos sobre otros o bien tomar una idea mental de cada uno de ellos para ir formando imágenes visuales de las situaciones que ofrece el relato son algunas de las posibilidades para “meterse” en el relato y acompañar al actor en la nueva experiencia teatral.

El concepto movilizador de sensaciones sobre el que trabaja y experimenta el Teatro Ciego se desprende de los labios de Tania en forma de ejemplo. La actriz no vidente asegura que “cuando actuamos, sentimos la energía positiva de la gente, están ahí viviendo ese momento con nosotros. Estar a oscuras y abierto a liberar la imaginación es una oportunidad fantástica e inagotable para pensar y salirnos de la estructura habitual”. Para ser más gráfica Tania remata: “La oscuridad nos empareja”.

“En definitiva- apunta Menchaca- la idea es contar una historia y estimular sensaciones humanas. Después cada uno intelectualiza lo que le significó un sonido, un aroma o cualquier otra sensación”.



MAS INFO
Dónde: Centro Argentino de Teatro Ciego (011) 6379-8596
Cuándo: Viernes y sábados a las 21 y a las 23
Web: http://www.teatrociego.org/




Fernando Gorza 2 de agosto de 2009